Daniel, una foto de Jose Félix Méndez De Muela ® en Flickr.
Hoy no seré yo el poeta, si no otro, un vagabundo, Daniel. No sé quien es, solo su nombre, ni que es de el, y ya, pues no me voy a poner sentimentalmente barato. Solo seré fiel a lo que recuerdo.
Hoy no seré yo el poeta, si no otro, un vagabundo, Daniel. No sé quien es, solo su nombre, ni que es de el, y ya, pues no me voy a poner sentimentalmente barato. Solo seré fiel a lo que recuerdo.
Se llama Daniel, como ya había dicho, y lo quiero subrayar, para que no pase en valde este recuerdo mío. Se llama Daniel, o eso ponía al final de la octavilla que me dio hará unos años, en Ponferrada, de donde soy oriundo. Cuando lo vi a la salida del instituto, y yo curioso por costumbre, me paré a hablar con el. Y aclaro, fue y es costumbre que soy curioso, y no el pararme a hablar con el. Y la octavilla guardaba un poema en ella.
A continuación transcribo, como es oportuno, el poema de este hombre:
Ignorancia, divino jardín
Es ciega, sorda, sin tacto, olfato, o gusto.
Pero está,
y por mero hecho
Es ciega, sorda, sin tacto, olfato, o gusto.
Pero está,
y por mero hecho
a la curiosidad despierta.
La ignorancia está,
y para mí es el paraíso.
Las cosas no son cosas
hasta que no se las conoce.
Y el paraíso utópico.
La ignorancia está,
y para mí es el paraíso.
Las cosas no son cosas
hasta que no se las conoce.
Y el paraíso utópico.
Y no sé si eludir la responsabilidad de criticar su obra, su poema, no lo haré. Pues no es de consideración hacía lo que aquí intento exponer, lo cual comienzo ahora.
Tenemos pesados monumentos, calles nominales, jardines verdes, y gente, en las ciudades. Admito que soy más de pueblo, paleto, y no a mucha honra, pues no es necesario. Al igual que yo, y para cualquiera que sepa o razone: no cambio amaneceres, por su reflejo en una ventana; los cantos de celo de las aves, por palomas afónicas y obesas; el aire con sabor a mil flores, por un paladar metálico; y atardeceres, por su reflejo en otra ventana. Lo que sí cambio, pero por no poder cambiar, por que no hay igual, es a la gente. Sí, puede que sean personas despreocupadas, casi ciegas, pero yo no lo estoy ¡Y os veo! Por que de muy de vez en cuando, me froto los ojos con los puños, como cuando se quiere enfatizar el hecho de que lo visto no es soñado. Entre tantas personas es difícil buscar, sí, y yo nunca dije que fuese fácil. Pero creo, que cuando la mirada se acostumbra se acierta a ver, todo lo que hay. Y hay.
Ya pasó el tiempo, al igual que pasé el otro día ante él (Daniel), que sigue igual. Ni me paré, ni hice observación más exhaustiva que la de cualquier otro transeunte. Y decir que tampoco es contradecirme en mis palabras, ni el asumir que yo haya cambiado, aunque así sea, si no que no hay un porqué. Pues fin y al cabo, ni yo soy un "samaritano", ni él un "necesitado". Pero oye, seguía y seguirá sonriendo, feliz, y seguro que mucho más que yo. Y eso lo sé, sin necesidad de habérselo preguntado.
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